Intentando alistarse :

Uniformados, íbamos a Barcelona a escuchar los mítines del partido, los discursos de Andreu Nin, de Wilebaldo Solano y de Andrade, en el Price o en otros teatros de Barcelona, a desfilar por las calles de la ciudad a la salida del mitin y a tomar bocadillos y cerveza en el bar automático en la Rambla Canaletes.

Eran días muy felices para mí, solamente carcomido por no tener edad suficiente para estar en el frente. A pesar de ello, con Joan Ferrer iniciamos un peregrinaje por los cuarteles de Barcelona para lograr plaza de soldado.
Salíamos de Vic, en tren, el sábado a primera hora. Estuvimos en el cuartel del POUM en la calle Tarragona, mostramos nuestro carnet de partido y casi nos sacan a patadas a causa de nuestra temprana edad. En otros cuarteles y otros sábados, después de oír nuestras pretensiones, nos mandaban a limpiar cuadras, hasta que, puestos en contacto con Vic, nos acompañaban al tren y nos dejaban bajo la vigilancia de la policía de ferrocarriles hasta nuestra llegada a la estación de Vic.

Recorrimos todos los cuarteles, en ninguno nos admitieron y siempre terminábamos de la misma manera: vigilados y conducidos al tren de la Plaça Catalunya. No nos valió sombrearnos una especie de bigote o explicar que éramos huérfanos de obreros combatientes que deseábamos vengar a nestros padres. Pasaría todavía mucho tiempo antes de ver colmados mis deseos de iniciar mi carrera militar. Tuve que esperar hasta finales de abril después de especiales circunstancias.

Mientrastanto seguía la guerra en los frentes y, con permiso de mi tío Francisco, puse un mapa más grande en el comedor. Cada día tras leer el periódico, con banderitas rojas y azules, seguía el curso de las operaciones bélicas.

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